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masticar


Este artículo tiene como objetivo describir la importancia que tiene la digestión y la masticación como fuentes de nutrición, y cómo una alimentación saludable (consciente, energética, equilibrada) es indispensable para la salud del sistema digestivo.

Cuando alguien me comenta que es normal tener gases o flatulencias, respondo que no es normal. Otra cosa es que en nuestra sociedad sea muy común padecer gases, flatulencias, indigestión, estreñimiento, distensión abdominal, acidez de estómago, dolor de barriga, reflujo, ardor de estómago, úlceras, fatiga… Y también es muy común que los medicamentos para calmar estas molestias se encuentren entre los más vendidos en las farmacias.

La DIGESTIÓN no es solo introducir y expulsar alimentos. Es la ingesta, descomposición y asimilación de los alimentos para la construcción y reparación celular de todo el cuerpo a través de la sangre.

De la descomposición o atomización se encarga el fuego digestivo a través de enzimas y secreciones de jugos (gástricos, pancreáticos, biliares e intestinales) de diferente grado de acidez y alcalinidad. De hecho, ambos medios se van combinando, y son necesarios a lo largo de todo el proceso de descomposición. El alimento pasa de la boca al esófago, de ahí al estómago, luego al intestino delgado, y después al intestino grueso. Esta fase digestiva es descendente (esta dirección es de cualidad energética yang). Y el movimiento peristáltico contribuye a dicho descenso.

Llega el momento de desechar o retener. Lo que se desecha se expulsa al exterior del cuerpo. Lo que se retiene, asimilación o absorción intestinal, inicia un nuevo camino, ahora ascendente (esta dirección es de cualidad energética yin). De los intestinos sube al hígado vía vena porta, donde se convierte en sangre que transporta la esencia nutritiva a todas las células.

Por lo tanto, la digestión está formada por dos fases, dos movimientos y dos energías: descomposición y asimilación, descenso y ascenso, yin y yang.

Sobre Yin Yang, te recuerdo que:

  • Yin es energía ascendente y expansiva, centrífuga, de diferenciación, conocida como energía de la tierra.
  • Yang es energía contractiva, centrípeta, de condensación, descendente, llamada también energía del cielo.

Puedes ampliar esta información con la lectura del artículo: <<Alimentación energética. La energía de los alimentos>> (Primera parte).

Así vista, la digestión es un proceso que se caracteriza por la combinación de movimientos. Esta combinatoria asegura la armonía, que solo puede darse en movimiento.

“La digestión es un ejemplo asombroso del equilibrio dinámico”

 

Desde el punto de vista energético, tan querido por el Arte de cuidArte y marco de comprensión de mis acompañamientos, defino digerir como el acto de descomponer la parte física de los alimentos para transformarla en energía, o bien liberar las fuerzas inherentes que hay en ellos.

Si el proceso digestivo de una manzana, por ejemplo, es óptimo, podemos decir que nos hemos alimentado de esa manzana, pero nos hemos nutrido de la energía de esa manzana. Esto es tan importante que, para algunas personas, baste para plantearse un cambio en sus hábitos de salud, y buscar a un coaching nutricional.

“Desde el Arte de cuidArte te ayudo a mejorar tu digestión»

 

Por lo tanto, cuando afirmamos que los alimentos son el combustible que necesita el cuerpo para su funcionamiento, en realidad, es la energía de los alimentos lo que toma el cuerpo para vivir. Y del tipo de energía de esos alimentos se explicará en gran medida la vitalidad o desvitalidad que experimentamos durante la vida.

Si los alimentos son excesivamente contractivos (proteína animal, salazones, alimentos cocinados en exceso en barbacoas, horneados…) pueden inhibir e incluso bloquear la digestión. Y si son alimentos excesivamente expansivos (frutas tropicales, alcohol, azúcar, refrescos y zumos, leche…) pueden debilitar la digestión.

Puedes ampliar esta información con la lectura del artículo: <<Alimentación energética. La energía de los alimentos>> (Segunda parte).

A esto hay que sumar la condición y constitución de la persona. En líneas generales, son los alimentos de energía moderada o de centro los que potencian una buena digestión.

El proceso digestivo como descomposición se inicia en la boca con la MASTICACIÓN, pero cuenta con una fase previa de estimulación del cerebro y de relajación muscular (el sistema nervioso simpático da paso al parasimpático).

“Sin relajación no hay digestión. Y sin masticación, tampoco hay digestión”

 

Antes de que el alimento llegue a la boca, hay un proceso mental. La visión del alimento y su color estimulan de por sí la secreción de jugos digestivos. Esto explica que desaconseje comer viendo la televisión, trabajando en el ordenador, mirando el móvil o leyendo el periódico.  Cuando comemos, conviene que nuestra atención se centre en el plato, pues de lo contrario la digestión se resiente. Las prácticas del mindful eating parten de este principio. Además de la conexión con el sentir, la escucha, la presencia y el aquí y ahora, que caracterizan una alimentación consciente.

A continuación, te comparto algunas REFLEXIONES Y RECOMENDACIONES para mejorar tu masticación:

  • No masticar lo suficiente significa tragar antes de tiempo. Esto dificulta enormemente la digestión. Pero masticar y hablar al mismo tiempo también acarrea problemas porque entra aire en el estómago, aire que (como el humo del tabaco) inhiben el buen funcionamiento del proceso digestivo.
  • La secreción de las enzimas digestivas se reduce en la posición horizontal. Evita comer tumbadx.
  • Una boca llena de comida fuerza a tragarla antes de que esté bien masticada, causando, por lo menos, una indigestión leve (dispepsia) y gases. El factor emocional que promueve esta conducta es la privacidad. La solución es tomar pequeñas cantidades y no introducir más hasta que todo esté bien masticado.
  • Deja reposar los cubiertos junto al plato mientras masticas. Este simple gesto es una práctica que propongo a mis alumnxs cuando comemos juntxs, ¡y funciona! La ansiedad por cargar nuevamente la cuchara o el tenedor disminuye dando paso a una sensación de tranquilidad y bienestar. Entonces masticar empieza a ser tan agradable y placentero que se integra como lo más normal del mundo. Además, la mente se calma y entramos en un estado meditativo sin esfuerzo.
  • No utilices la boca como contenedor. No es su función.
  • Mastica más veces y más despacio. La idea es que antes de engullir, hayas convertido el bocado sólido en una masa fluida o bolo alimenticio. Puedes contar las veces que masticas un bocado, si eso te motiva. La comida tomada deprisa no se descompone por completo y provoca flatulencia, distensión, mala absorción, deficiencia de vitaminas, colon irritable, estómago nervioso, y es caldo de cultivo para problemas más complejos.  
  • Acompaña la masticación de mayor respiración y ensalivación. Esto te dará más consciencia de tu estructura corporal y ampliará tu conciencia. Más conciencia, más fortaleza.
  • Bendice y agradece los alimentos que vas a masticar. Más allá del significado religioso o ritualístico que quieras darle, es un momento para darte cuenta de lo que estás haciendo: ¡vas a masticar!
  • En realidad, la digestión y predigestión empiezan en las ollas. Así que cocina todo lo que puedas en la cocina de tu hogar. Esto es maravilloso. Cuando comes fuera de casa, aunque puedas elegir entre una extensa y variada carta, en realidad dicha oferta no se ajusta a tus necesidades de nutrición profunda; con suerte cubre las sensoriales, pero esto es insuficiente. Por eso es tan importante cocinar en tu cocina y comprar los ingredientes que más te convienen, aprendiendo a transformar la energía de los alimentos en función de tu constitución y condición. Esto se aprende y, además es de gran ayuda, al principio, hacerlo en compañía.

“Yo te acompaño, sin prisas”

 

Las prisas son el anti-ingrediente de la masticación. Gusta el sabor, ve los colores, huele los aromas,            toca las texturas… o sea, ¡siente! Tener una experiencia de sentir con la alimentación es una                            experiencia altamente nutridora.

  • Durante la masticación, usa tus dientes. Te recuerdo que ¡el estómago no tiene dientes! Los dientes son condensadores de energía, esto es, almacenan energía. Al masticar y triturar, los dientes energetizan el alimento y aumenta el flujo de saliva. La ensalivación beneficia la descomposición del bolo alimenticio. Esta predigestión bucal supone un fantástico ahorro energético para el resto del aparato digestivo cuyos órganos por separado poseen funciones muy específicas que no tienen que ver con triturar el alimento.
  • Si quieres mejorar tu masticación, evita la comida industrial. Debilita y enferma los dientes. Tenemos dentaduras poco sanas y castigadas. Bocas ancianas en cuerpos jóvenes, dispuestas a comer blando y tragar rápido. Esto es un grave problema porque nuestro potencial yang masticatorio se yiniza. Es como si el desarrollo dental de un adulto quisiera parecerse al de un bebé comiendo comidas fáciles, blandas, líquidas, ya masticadas.

Si acabo de comer y me preguntas: -Mar, ¿has tenido una buena digestión? Es muy probable que me lleve las manos a mi barriga y te responda una cosa u otra. Aunque la acción de la digestión empezó mucho antes y más arriba, tiene sentido tocarme la barriga.

Si miramos libros de cocina, parece que lo normal sean los libros de recetas. Y más escasos, los que nos explican cómo funciona nuestro sistema y aparato digestivo. Yo creo que podría ser al revés. O por lo menos, que los recetarios podrían incluir un apartado donde se informara del grado de digestibilidad de la receta, incluso en función de la condición/constitución del comensal y, por qué no, cuántas veces sería deseable que se masticara cada bocado de la receta para asegurar una correcta asimilación. Complicado, ¿verdad? Por eso existen libros de recetas, por un lado; y libros sobre la digestión, por otro lado. Estos últimos no se encuentran en la sección culinaria, más bien entre los libros sobre anatomía humana, funciones orgánicas, manuales de medicina-sección gastroenterología…

Decía más arriba que, si acabo de comer y me preguntas por mi digestión, el lugar de mi cuerpo que señalaría sería la barriga, situado en mi centro. Pero si yo fuera una estrella de mar… el lugar que te indicaría sería mi boca, ¡también situado en mi centro! Y es que la boca está relacionada con el centro del cuerpo y con la constitución del sistema digestivo desde el principio de los tiempos y la cadena evolutiva de los seres vivos.

En realidad, la pregunta para saber cómo siento mi digestión, sería: -Mar, ¿qué has comido?, ¿cuánto has comido?, ¿cómo has comido? La última pregunta incluye si he comido sola o acompañada, si he masticado poco, algo, mucho, si he comido mirando el móvil u otra pantalla, si he comido tranquila o no, si he hablado al tiempo que comía…

Pero una pista que nunca falla es fijarme si el gasto energético de mi digestión ha sido superior, igual o inferior al aporte energético.

“Si el gasto energético digestivo es superior al aporte energético,
hay algo que no hacemos bien”

 

Es posible que no le demos suficiente importancia a la digestión porque como la respiración, es un acto involuntario. Pero todo lo involuntario necesita ser concienciado y sentido para poder conocernos más y potenciar nuestra naturaleza. Conocer cómo funciona la digestión nos pone en contacto con el cuerpo que tenemos y somos.

Con el Arte de cuidArte y mis acompañamientos en hábitos de alimentación, te ayudo a mejorar tu digestión y a convertirla en fuente de nutrición.