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En este artículo os quiero compartir mi mirada sobre el tema de los residuos desde el punto de los
hábitos de vida saludable, y a partir de la entrevista realizada a una “minimizadora de residuos”.

Mariona Castillo es “minimizadora de residuos”, entre otras muchísimas más cosas (la última faceta que conozco de ella es la de ¡cocinera de quesos veganos para chuparse los dedos!).

Siempre me ha sorprendido su práctica, que supera algunas teorías de difícil aplicación. Mi parte pragmática, a veces, entra en conflicto con mis propias resistencias, desconfianzas y perezas. Y, a veces, me he reconocido muy cuestionadora del Zero Waste llevado al extremo o como tendencia de moda.

Cuando le propuse a Mariona que me contara su experiencia, se le iluminó la cara, y accedió gustosísima a explicarme su vivencia. A medida que las preguntas y respuestas se sucedían, comprendí cómo en su práctica no hay extremo ni moda, sino compromiso y aportación a la salud del planeta.

Cuando quise saber por los orígenes de su hacer, me contó que desde pequeña ha tenido un espíritu ecologista, y a ello se suma la actitud de su madre.

“Mi madre es reutilizadora al extremo. Es una madre abundante, pero no desde el ahorro. Le saca el máximo jugo a todo”.

Cuando Mariona ve la basura, se pregunta: “Quién se la va a comer, a quién le va a perjudicar”. Sacudida por estos planteamientos, hace diez años empezó a enumerar en un cuaderno las acciones que podía realizar para ahorrar residuos. Y así empezó todo. Leyó el libro de Bea Johnson, Zero Waste Home, a partir del cual corrobora que se puede vivir muy feliz ahorrando residuos.

Esta manera de vivir es un reto que ella practica con alegría, pero también es algo que le reporta paz y armonía:

“Es un compromiso diario. Cuando voy a comprar me pregunto: ¿Este producto podría comprarlo sin envase, o en envase reutilizable, o a granel? Si la respuesta es no: ¿Podría comprarlo en un envase más fácil de reciclar (cartón vs plástico)? Si la respuesta es no: ¿Podría llegar a prescindir de este producto?

Y así se han ido reduciendo mis bolsas de basura, hasta el punto que voy a tirarlas cada 2, 3 o incluso cada 4 meses. Mi objetivo es reducir cada vez más pero sin exigencias, desde el placer y la motivación de descubrir nuevas maneras de consumir.”

Mariona vive en el barrio de Gràcia (Barcelona), y opina que allí es muy fácil llevar a la práctica la reducción de residuos, a diferencia de otros lugares de la ciudad donde el tema es más complicado. Ella ha ido encontrando su mapa o ruta de establecimientos para sus compras.

Cuando le pregunto por sus gestos concretos y cotidianos, me cuenta lo siguiente:

  • “Intento comprarlo todo a granel: alimentos (verduras, fruta, cereales, legumbres…) y productos de limpieza e higiene. Si quiero queso, por ejemplo, y lleva plástico, no lo compro. En la cooperativa El Cau o Molsa puedes encontrarlos sin envoltorio.

  • Instalé un filtro para el agua. Empecé con la Brita, pero luego di el paso a la inversión de por vida. Aunque también puedes utilizar tinajas de barro que filtran el cloro y la cal, o empresas de agua embotellada que te traen garrafas de vidrio de 8 litros rellenables.

  • El papel de wc, lo compro reciclado y en paquetes grandes, pero envuelto en plástico porque no he encontrado mejor opción. Aunque sé que por internet los puedes encargar envueltos en cartón. Entonces hay que revisar si merece la pena el coste ecológico del transporte para un solo artículo.

  • Para mis libretas, uso papeles que han sido utilizados antes.

  • No compro ropa, adquiero de segunda mano, intercambios, reciclada,… excepto si es para algún regalo o para mi trabajo escénico [Mariona es cantante y actriz].

  • Llevo mi bote de cristal, si compro café o algún líquido bebible para llevar.

  • En mi bolso siempre llevo una bolsa de papel, una bolsa de plástico, y un bote de cristal para no tener que usar envoltorios de las tiendas. Y si alguna vez no lo puedo evitar, ese envoltorio será reutilizado hasta su deterioro.

  • Para el papel de cocina o pañuelos, en la mayoría de bares y restaurante hoy en día te sirven todo con servilletas de papel extras que no se utilizan. Yo las guardo y las uso después en casa.

  • En las tiendas donde compro los productos de limpieza a granel, también venden estropajos y bayetas sin embalajes.

  • La pasta de dientes, la puedes hacer tú muy fácilmente. Yo la compro convencional porque tengo las encías muy sensibles. Pero procuro que lleve los mínimos envoltorios posibles.

  • Uso para mis reglas la copa menstrual y compresas de tela. Puntualmente, algún salvaslip biodegradable.

  • Utilizo muy poco maquillaje, pero intento que sea ecológico; no es a granel porque no lo hay, que yo sepa. Para desmaquillarme, uso unos redondeles de tela que me cosió una amiga, o con las manos con agua y jabón.

  • Para los huevos, llevo mi propia cajita o huevera de cartón de ida y vuelta a la cooperativa donde lo compro casi todo.

  • Alimentos más específicos como la pasta de tahín, la salsa de tamari y el chocolate, los compro a granel. El miso, tengo pendiente encontrarlo.

  • Hago mis propias velas con restos de cera que acumulo, o me pasan mis amigxs.

  • En definitiva, si necesito algo que va a generar residuo, procuro minimizar su compra. Tengo una excepción a todo esto: el desodorante DOVE. Es lo único por lo que entro a un supermercado comercial, y lo hago porque trabajo en contacto muy cercano a la gente y no quiero oler a sudor.”

Mariona me cuenta también que suele seguir los criterios de Rechazar (renunciar), Reducir, Reutilizar, y Reciclar (como la última opción). Estos criterios tienen que ver con el tiempo que tarda en desaparecer un residuo, o el coste que tendría reciclarlo y su impacto en el medio ambiente.

Cuando rechaza o reduce o reutiliza o recicla, esta activista ecologista me confiesa que le hace valorar más lo que compra, y se aligera la compulsividad del acto de comprar. Y me aclara que no es lo mismo el Residuo Cero que Less Waste:

“Lo primero es utópico, y a mí me genera mucha autoexigencia, y lo segundo es una meta alcanzable, mejorable y disfrutable”.

Cuando le pregunto por algún consejo para alguien que quiera empezar a minimizar los residuos, me contesta:

“Que busque opciones de remplazo, en lugar de usar y tirar. Hacerse con cosas con mayor uso en el tiempo y comprar a granel”.

Con lo de a granel, el guiño al Arte de cuidArte está servido en bandeja, pues granel se forma sobre la palabra latina granum (grano entero, completo, vivo, máxima energía en un alimento).

En un momento de la entrevista, Mariona insiste en lo siguiente:

“Yo creo que no hay que ir dando la brasa a la gente. Mi práctica, mi actitud, mis decisiones en sí mismas tienen un impacto en las otras personas”.

¡Y de verdad que la tienen! En mí, los pequeños gestos y la conciencia de las 4 erres ha pasado a engrosar mis hábitos de vida saludable.

Mariona creó junto con dos amigxs un Instagram titulado Consumoquesume. Puedes escribirla allí y pedirle consejo, o compartir tus reflexiones.

Si una persona se cuida, cuida su entorno. También funciona al revés, si una persona cuida su entorno, se cuida a sí mismx y a nosotrxs mismxs. El impacto que tiene la salud es siempre bidireccional. Y palabras como autoresponsabilidad o autogestión del cuidado dejan de ser conceptos volátiles y cobran todo su sentido.

¡Gracias, Mariona, por tu sentido común, por cuidArte y por cuidarnos!

(Autora de la fotografía de Mariona: Laura Carrau)