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Voy a referirme a lo femenino y masculino como fuerzas o energías de vida de diferente y complementaria naturaleza, y veremos su correspondencia con la constitución y condición del hombre y de la mujer. No entraré en cuestiones de género. A mi modo de ver, el sentir es único y escapa a cualquier clasificación externa o normativizada.

Femenino y Masculino

                                                                                                                                     Fotografía de samyfoto

YIN YANG

La energía de la Tierra es Femenina, expansiva y ascendente :: YIN. Más representativa del mundo vegetal (centrífugo, pasivo y frío).
La energía del Cielo es Masculina, contractiva y descendente :: YANG. Más representativa del mundo animal (centrípeto, activo y caliente).

Ambas energías se encuentran en el centro del corazón. Sin esta con-fluencia no se genera y desarrolla vida, aunque estemos vivos.

Esta polaridad energética universal explica muchas de las diferencias que existen entre la mujer y el hombre, o cómo opera el yin y el yang en los distintos sexos.

 

El sexo no es masculino o femenino

Entender que el sexo es masculino o femenino es reduccionista y fuente de grandes (e interesadas) confusiones. El sexo en una persona es la combinación de lo masculino y femenino. Pues ambas energías no existen aisladamente. Entonces, que yo me sienta mujer, tiene que ver con un mayor aporte de mi energía femenina o yin en relación a mi energía masculina o yang que necesariamente habita en mí para armonizar la fuerza contraria (por contrario léase complementario).

Por tanto, no estamos frente a una cuestión de separación, sino de dualidad y unidad (dualidad en la unidad y unidad en la dualidad), binomio complementario inclusivo. La individuación así como la colaboración forman parte del mismo engranaje que se manifiesta en la forma.

Antes de continuar, conviene recordar que las energías no son únicas ni absolutas, siempre actúan en relación. Existe yin porque existe yang, y viceversa. Yin contiene a yang, y viceversa. No tendría sentido hablar de día si no existiera la noche, por poner un ejemplo muy evidente.

Dicho esto, la mujer por fuera es más yin que el hombre. Pero su interior es más yang que el del hombre. Sabemos esto por la observación de su naturaleza. Por dentro, la mujer está más cargada de energía celeste: sus órganos genitales están orientados hacia dentro, la cintura (por lo general) es estrecha (los órganos centrales del cuerpo son más compactos) y su estatura es menor que la del hombre. Por fuera, la mujer tiene formas redondeadas, más grasa, es más blanda, y tiene pechos mayores. Es decir, energía terrestre.

En el hombre todo esto se invierte. Por fuera es más yang que la mujer, pero su interior es más yin. ¿Por qué?

Porque la energía de conservación de la especie humana precisa un tipo de anatomía que se corresponde con una corporalidad que pueda albergar vida humana. Esto solo es posible con la combinación interna yang-externa yin de la mujer. Pero no solo es importante la anatomía física, la parte emocional del yin externo de una mujer también favorece la energía de conservación por los atributos yines de suavidad, delicadeza, receptividad (pasividad bien comprendida).

 

La mujer DA en su constitución interna o nuclear yang, y
RECIBE en su constitución externa yin

Esto es básico para el equilibrio yin yang de la mujer. La misma ley, invertida, cursa para el hombre en su energía masculina bien balanceada. Y ambas, energía masculina y energía femenina, pueden asegurar la conservación, energía primal de vida.

Por tanto, DAR y RECIBIR se convierte en un binomio imprescindible en la narrativa energética de lo masculino y femenino en equilibrio. Cuando no hay un buen balance se producen desequilibrios como la anorexia, androginia, infertilidad, violencia, autoritarismo, servilismo, poder conquistador, guerras, disociación, etc.

A mi modo de ver, el principio de conservación o supervivencia no justifica únicamente el funcionamiento yin yang de las energías femenina y masculina. Va más allá. Se puede crear vida humana, pero en el día a día estamos constantemente creando, dando forma a ideas, haciendo de lo intangible materia, bajando el cielo a la tierra. Esto también es una manifestación de lo femenino y masculino en armonía.

 

Somos creación en forma humana


ALIMENTACIÓN SEGÚN EL SEXO

La mujer necesita poner más énfasis en los alimentos de polaridad expansiva, siempre que no sean extremos, para mantener bien equilibrada su energía femenina. Si toma demasiados alimentos contractivos se masculiniza. Y en el caso de los hombres, el énfasis estará en los alimentos contractivos, siempre que no sean extremos.

Los alimentos de energía extrema impiden la confluencia o el encuentro
en el centro del corazón

Para las cuestiones de bioenergética alimentaria, remito a los artículos que escribí sobre la energía de los alimentos (primera parte y segunda parte).

 

FEMENINO Y MASCULINO EN LA CONCIENCIA HUMANA

Podemos abordar el principio femenino y masculino desde la mirada de la separación y la unión. Esto es, desde la conciencia humana.

El ser humano es alma y es también espíritu. No me voy a extender en estos conceptos, si bien aporto la siguiente referencia bibliográfica para quien desee profundizar en ello: La Cientificación del Alma y el Espíritu, de Dominik Borucki.

El elemento femenino (puro) se corresponde al alma que se asocia con lo instintivo. Y el elemento masculino (puro) se corresponde con el espíritu que se asocia a la construcción de la identidad.

 

Femenino, alma, instintivo están en la esfera del Ser.
Masculino, espíritu, identidad en la esfera del Existir

El Yo femenino no controla, y recibe. El Yo masculino sí controla, y acciona. Nada es mejor que lo otro. Insisto, se trata de cualidades energéticas diferentes que se complementan y balancean entre sí. Ahora bien, la construcción de la identidad supone un acto de separación, necesario para el desarrollo de la persona y su existencia. Pensemos en el bebé cuando en su año y medio de vida aproximadamente empieza a descubrir un espacio más allá en la relación de unión nutricia con la madre. Este punto de inflexión es fundamental en el crecimiento del bebé, pues descubre otros espacios relacionales y vinculares. Esta fase de paso de la nutrición vincular a la autónoma es necesaria y sana.

Cuando el bebé no es suficientemente sostenido en su separación y construcción de identidad, por falta de afecto, desatención, etc. en la adultez podrá vivir la separatividad de manera traumática y defensiva. Y por tanto, su yo masculino se sentirá “torcido” y en desarmonía con su yo femenino del cual forma parte. Lo que sucede es que el existir no puede contener el ser basado en el afecto y el sentir y se produce el desequilibrio de lo femenino y masculino.

Estos principios energéticos han sido muy mal comprendidos y simplificados en versiones sexualizadas basadas en la violencia, abuso de poder y masculinización de una sociedad predominantemente cientifista, racionalista, mecanicista y patriarcal.

Para equilibrar lo masculino y lo femenino, el llamado es partir de la intimidad del individuo, en primer lugar, para desde ahí poder entrar en relación (colaborativa) con otros yin yang.

 

UN POCO DE HISTORIA

Una de las parejas que mejor ilustran la polaridad, y su dimensión unitaria y separada, es la mítica y bíblica pareja formada por Adán y Eva. Me detengo unas líneas en la construcción de esta narrativa que ha conformado las referencias más extendidas y malentendidas sobre hombre y mujer.

En el Génesis, concretamente en el segundo libro, se nos dice que Adán es depositado en el Edén, el jardín donde hay dos árboles: el Árbol de la Vida y el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Es importante notar que Adán no es hombre, sino criatura andrógina, todavía no ha sido sometido a la polaridad o pareja de elementos contrapuestos. Adán todavía es uno con todo, un estado cósmico de la consciencia representado con la imagen del Paraíso. Aunque Adán aún no conoce la polaridad, el tema ya está presente con la existencia de los dos árboles.

Esta referencia enmarca la historia de la Creación, producida por la división y separación. Resumo el relato. En el libro primero del Génesis existe el día y la noche, el sol y la luna, la tierra y el agua… pero ya en el segundo Adán siente deseos de proyectarse hacia el exterior y dar forma independiente a una parte de su ser. Según el relato bíblico, Adán cae en un profundo sueño, y es entonces cuando Dios toma de su costado una costilla para crear algo independiente a él. Lo que se deriva de este arrebatamiento es de todos conocido.

Ahora bien, Adán no es todavía consciente de su separación y sigue integrado en el Paraíso. Necesita que entre en acción la Serpiente que es la que va a hacer posible la separación de las formas cuando promete a la parte separada, la mujer, que si come el fruto del Árbol de la Ciencia adquirirá la facultad de discernimiento. Es decir, distinguir entre el Bien y el Mal (origen de una las más antiguas polaridades del ser humano). En este preciso instante el hombre puede reconocerse hombre separado de la mujer, y viceversa. Pero también aparece la idea del pecado y por tanto, de la culpa. Es el momento de abandonar forzosamente el Paraíso, y con él se aleja del Jardín de la Unidad o la unidad de la conciencia cósmica y se precipita en el mundo polar de las formas materiales. Este es el relato que se conoce como la caída del hombre.

El ser humano se encuentra con una conciencia polar, es pecador. Pero la idea del pecado debe ser revisada, pues en el transcurso de los siglos la Iglesia ha deformado dicho concepto asociando el pecar con el mal obrar. De donde se deriva que obrando el bien se evita el mal. Pero a la luz de los polos opuestos complementarios en los que se basa la ley de la unidad energética, nada más lejos de vivir el pecado como motivo de castigo o de culpa. El pecado no es un polo de la polaridad sino la polaridad en sí misma. Dicho simple y llanamente, el pecado no es malo, es una de las posibilidades inherentes a la naturaleza humana. No asumir este polo como polaridad es, una vez más, querer estar o solo en la luz o solo en el sombra. Y ya sabemos que existe lo uno porque existe lo otro. De hecho, es imposible tener la experiencia de lo uno sin haber vivido lo otro.

Para ejercitar nuestro discernimiento necesitamos siempre los dos polos, pero no para quedarnos atascados en su antagonismo, sino para utilizar su tensión (creadora) como impulso y energía en la búsqueda o experiencia de la unidad. Aquí hallamos o podemos vivir nuestra libertad.

La no aceptación del sentido de la polaridad es también seguir preservando la visión separadora del hombre y de la mujer. Si podemos trascender esto comprenderemos y aceptaremos la riqueza de una visión donde el discernimiento comporta la posibilidad de conocer el profundo sentido de lo que significa la integración yin yang de lo femenino y masculino. Una integración que reconoce sus partes y puede nombrar también la existencia de mujeres y hombres con todas sus posibilidades y combinaciones energéticas.

 

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Como todos mis artículos, el proceso de escritura o de creación no nace de un tirón, ni solo del intelecto. Yo paro a modo de narrativa corporal y vivencial (desde mi aire y agua, principalmente, seguidos de mi fuego y tierra). Este artículo es un claro ejemplo de ello. Empecé escribiéndolo por una cuestión personal y profesional. Tras varios días de borrador y parón infértil, vino el momento de inflexión tras una sesión de terapia en la que pude sentir muy fuertemente mi masculino gracias a entrar en contacto con mi corazón. Esto me trajo un agudo dolor de cabeza, confusión y fragilidad. En la confusión llegué a la unión de mi masculino y femenino, y horas después pude concluir la redacción de este artículo.