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alimentación y emociones

Este artículo es la primera entrega de la serie <<Alimentación y Emociones>>. Un tema que atraviesa nuestras vidas desde la concepción hasta su conclusión. Escribo este artículo sintiendo mi cuerpo emocional sereno, seguro, confiado y agradecido. No siempre me siento así.

Parto de la estrecha y profunda relación que existe entre la salud física, mental y emocional.
Parto, también, de la estrecha y profunda relación entre la capacidad de autocuidado y cómo fuimos cuidados (atendidos y sostenidos) en nuestro nacimiento y en las primeras etapas de crecimiento.
Y parto de que ambos supuestos dan sentido a la ecuación: así me cuido = así me amo.

 La estima que una persona tiene para consigo misma
es la estima que puede sentir hacia otros seres

Este tercer punto de partida dio origen a mis acompañamientos con el Arte de cuidArte: un acompañamiento en hábitos de Alimentación · Movimiento · Pensamiento. Una suerte de terapia nutricional cuyo eje transversal es la alimentación física como altavoz de la relación afectiva que un individuo mantiene con su dieta como fuente de nutrición. (Entiéndase “dieta” como el comportamiento o conjunto de hábitos alimentarios de una persona en su día a día).

Cuéntame cómo es tu relación con un café, un bol de arroz, un vino, un plátano, una ensalada, una escudella catalana, un mojo picón canario, unos cacahuetes, un miso, un helado, unos garbanzos, unas costillas, un kukicha … y me estarás contando mucho acerca de ti, de tu historia personal y biografía nutricional.


Así me cuido, así me amo

Amar es mucho más que una emoción. Pero solemos asociarlo con un estado emocional agradable que nos hace sentir bien. Además, se vincula con sentimientos que denotan que ciertas necesidades están satisfechas. 

Aunque no todas las personas tenemos las mismas necesidades, compartimos algunas que nos proporcionan estabilidad, confianza y valor para mover nuestra vida, adaptándonos a los cambios que esta comporta de acuerdo a la naturaleza y a sus leyes intrínsecas de impermanencia e interdependencia.


Así me cuido, así me amo

No hace falta haber padecido o sufrir en el presente un trastorno alimenticio o un trastorno en conducta alimentaria para plantearnos si nuestra relación con la alimentación -como fuente de nutrición- es saludable.

No hace falta, tampoco, llamar al estrado a todos esos datos estadísticos que nos confirman que muere más gente por sobrealimentación que por desnutrición. A mí esto me parece muy impactante. Estas muertes se caracterizan por avanzar con paso lento (pero seguro) hasta precipitarse en una carrera de medicación y cuadro hospitalario, y con complicaciones irreversibles donde las ganas de haber sido más previsor ya no sirven de nada.

No hace falta enfermarnos como consecuencia de una dieta insana basada en comida industrializada (que no es comida), para empezar a tomar conciencia de la relación directa entre nuestra salud física y emocional. Un simple empacho, la ansiedad a la hora de comer, la recompensa que buscamos en determinados alimentos o ingredientes o sustancias, todo esto basta para comprender la relación entre Alimentación y Emociones.


Así me cuido, así me amo

Antes, la gente bebía también, mucho o más de la cuenta en ocasiones; y comía, también, mucho o más de la cuenta en ocasiones; pero no existía el patrón tan recurrente de compensación-recompensa con la comida ni las funciones opiácea-ansiolítica-tranquilizadora con la comida.

¿Qué explica que esto sea así hoy en día? Yo observo tres aspectos determinantes que definen a la sociedad moderna y postmoderna:

  1. El estrés y la ansiedad (salud mental)
  2. La industria alimentaria (salud física) 
  3. La desnaturalización (salud emocional) 

Esta tríada, con sus saludes correspondientes directamente afectadas, se interrelacionan. De manera que 1 afecta también a la salud física y emocional, 2 a la salud mental y emocional, y 3 a la salud mental y física.


Así me cuido, así me amo

Comemos por placer
Comemos por dolor
Comemos para sobrevivir
Comemos para supervivir
Comemos para sentir
Comemos para no sentir
Comemos por hambre/s:

De qué tienes hambre

En mi bio web le doy las gracias a mis hambres (a mi “animal hambriento”) que me han acompañado y me acompañan como fuente de autoconocimiento.


Así me cuido, así me amo

Todo esto va de energía, ¡cómo no! Los alimentos tienen una energía u otra o una fuerza o dirección energética enfriadora, calentadora, +/- enfriadora y +/- calentadora. Según su intensidad, regulan o desestabilizan, equilibran o desarmonizan el cuerpo físico, mental y emocional. Según la persona -y su condición y constitución-, se aplican y combinan unas u otras para obtener la alquimia energética de centro (equilibrio dinámico) y potenciar la naturaleza propia. El fin último es buscar el balanceo (no la compensación) para contribuir a la homeostasis del organismo.

 

 El equilibrio dinámico afecta al Alma 

Alimentarnos desde los extremos como un hábito normalizado no es una buena idea, pues estropea nuestros órganos y entorpece su función natural, con su consiguiente debilitación y agotamiento (enfermedades de desgaste, de desvitalización y del sistema inmune). 

La energía de polaridad extrema tiene la característica de movilizar por intensidad, pero esta intensidad no dura (no se mantiene estable en el tiempo), y lejos de lo que se piensa (creencia idealizada y cool), tienen una vibración baja (el éxtasis que podemos sentir no es de vibración o frecuencia alta). La fantasía de que el cuerpo puede aguantar lo que le echen, sin cuidarlo, es una falacia que tiene los días contados.

Según la Bioenergética alimentaria hay alimentos estancadores (o congestionadores e inflamatorios) y otros movilizadores. ¿Del cuerpo físico? Desde luego que no solamente, aunque se manifieste (somatice) clara y primeramente en nuestra parte densa o matérica. El espíritu también sale zarandeado. 

En cuanto a la Bioquímica alimentaria, no podemos dejar de considerar que nuestro cuerpo responde a la química de los nutrientes, y que la anatomía digestiva, y la del resto del cuerpo, también tienen un impacto directo en las emociones. Y si no, que se lo pregunten a la salud intestinal.


Así me cuido, así me amo

Volviendo al tema de la sobrealimentación y desnutrición características de nuestra sociedad actual, el sobrepeso es una acumulación de energía innecesaria y peligrosa para la salud. Implica un desgaste permanente del cuerpo y la exposición a enfermedades evitables. Y aunque suene paradójico, el sobrepeso es desnutridor. A este patrón por exceso le da la mano el del lado contrario ¿Qué sucede con aquellas personas que se desatienden con la comida y no comen lo suficiente? Aquí la desnutrición es por falta de, y que no es más que la otra cara del exceso por carencia. 

Importante: esto que escribo va mucho más allá de tener una constitución delgada o ancha. Una persona delgada puede comer más de lo que necesita, o estar apegada al dulce “vacío” por ansiedad o para cubrir un vacío emocional, por ejemplo. Y una persona ancha puede comer poco y mal, o no tener horarios y sentir fugas energéticas, por ejemplo.
 

Así me cuido, así me amo

Empezaba este artículo con las necesidades. Necesitamos conocer nuestro patrón alimentario, y para ello es crucial revisar qué pasó en nuestra infancia y cuáles fueron nuestros referentes cuidadores (padres, núcleo familiar, sistema educacional, entre otros) para comprender si se cubrieron nuestras necesidades básicas. Ver esto puede ser doloroso y desolador. Dejarte acompañar ayuda a poder entrar en diálogo con lo que, tal vez, no ha podido ser visto o concienciado en la adultez.

Necesitamos conocer nuestro patrón y cuál es nuestra naturaleza particular. No es lo mismo un alto que un bajo, una estructura ósea ancha que otra estrecha, ser hombre o mujer, o sentirse hombre o mujer, vivir en una isla o en una estepa mongola, ser introspectivo o extrovertido, etc. Según cómo sea/esté el cuerpo, así se va a conformar el pensamiento y las emociones, y viceversa también. 

Necesitamos una alimentación equilibrada, saludable y energética que, entrenada en compañía, ayude a sanar la relación maltrecha o insuficiente con las fuentes nutricias primigenias (a veces, progenitoras), y construir nuevas relaciones con nuestras fuentes de nutrición desde el presente.

Necesitamos transformar los pensamientos desgastados y resistentes al cambio.
Necesitamos el movimiento físico cotidiano, que flexibilice el cuerpo.
Necesitamos cuerpos disponibles y abiertos al gozo de estar vivos desde la relajación y la alegría.
 

Necesitamos mover nuestros hábitos

Todo esto desde el cuidado en hábitos no esforzados ni sacrificados, en todo caso desde la fuerza y la determinación que dan la compasión y la amabilidad. Y siempre y cuando, a ti te parezca necesario. No estamos obligados a cambiar nada que no queramos.

¿Tenemos que hacerlo solos? Mejor empezar la travesía en relación con un acompañante que sepa escucharte y por quien puedas ser vista y visto sin juicio.
 

Sanamos en relación y cuando somos enteramente vistos

Sanamos en relación porque nuestra herida original se produjo precisamente a lo largo del desarrollo relacional y de sostén. 

Es extremadamente reparador dejarse acompañar un rato en el camino de la salud. Cada cual lleva su mochila, pero parar un rato y mostrar lo que llevamos dentro, aligera y transforma. Incluso podemos remplazar la mochila con su carga excesiva por un bolsito más liviano. Los hay que ya sólo llevan un colgante en el pecho-corazón. 

Así que todo indica que una alimentación nutridora con-forma las emociones y las equilibra. A ese equilibrio lo llamo A-R-M-O nía. Aunque a veces el A-M-O-R se desordene o se desbarajuste, pierda su centro o parezca que se nos olvidó, se puede entrenar y restaurar.

En la próxima entrega, me gustará contarte cómo una emoción, cuando se desequilibra puede repararse con la alimentación más concretamente. Esto es muy útil y nos aporta bienestar y una sensación de paz al alcance de todos. Un ejemplo: la alegría en desequilibrio deviene euforia agitada y dispersión, y puede desembocar en tristeza. Si en tu alimentación priman los estimulantes, el simple hecho de reducirlos ayudará a cortar el círculo vicioso glucoso-excitante en sangre y del sistema nervioso. En su lugar, veremos que cambiarlo por polisacáridos complejos, nos hace sentir muy bien porque el estado glucémico se cubre y estabiliza sin desmineralizar el metabolismo.

¡Hasta la próxima entrega!